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Ernesto y Fito están mirando su televisor Telefunken
un domingo a las tres y media de la tarde.
Como no tienen control remoto, Ernesto lo manda a cada rato a Fito a que se levante y
cambie de
canal, Fito lo hace moviendo una perilla redonda del televisor, parecida al dial redondo
de algunas
radios. En una de esas Ernesto dice:
Pare, soldado. Deténgase ahí.
¿Acá, Coronel? 
Ahí
mismo, soldado. ¿Está usted sordo o pelotudo?
Pelotudo, Coronel. 
¿Me
dijo usted pelotudo?
No, me lo dije a mí. 
Ah.
Siéntese y mire.
Sí, Coronel, mi Coronel. 
Fito se sienta junto a su padre y mira el televisor. En la
pantalla se ve una pelea de luchadores de
Sumo, se trata de un canal japonés, o chino, o coreano, o de Pekín.

Fito frunce el seño.
¿Le gusta esto Coronel? 
Por
supuesto, soldado, es muy parecido a la supervivencia, y uno debe estar
siempre preparado para la supervivencia. Sobre todo si uno es chino,
como estos, porque son pocos. Imagínese soldado, están en
peligro de extinción.
Si,
tiene razón Coronel. Además nos parecemos 
mucho a ellos. ¿No lo
cree usted?
Si, pero a no confundir, usted
se parece al
petizo y yo al otro.
Si, Coronel, mi Coronel.

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